Muchos de nosotros, cuando
comenzamos a interpretar cartas, pensamos que debemos abarcarlo todo: los
planetas, signos, casas y aspectos en su totalidad. Si no lo hacemos, tememos
descuidar algo importante, o dejar de ofrecer un cuadro completo de las influencias
que gravitan sobre el nacimiento.
Pero, al abarcarlo todo,
finalmente no solemos abarcar nada, porque llenamos nuestras mentes y las de
quienes nos consultan, con tantas minucias que, una vez terminada nuestra
“lectura”, dejamos a nuestros consultantes en la oscuridad.
Algunos de nosotros tal
vez encaremos un mapa interpretándolo casa por casa, empezando con la primera y
avanzando en sentido contrario al de las agujas del reloj. Otros quizás
empiecen con el Sol y estudien un planeta por vez: Luna, Mercurio, Venus, etc.
Y puede ser que otros intenten transformar al caos en orden considerando que
cada sector de la vida es importante para el consultante (amor, trabajo, hogar
y familia, etc.) e interpretando todos los planetas, signos y casas asociados con
ese sector.
Estos sistemas
interpretativos quizá “funcionen” con algunos astrólogos y consultantes. Pero
les falta un elemento esencial, necesario para que la “lectura” que se ofrezca
sea significativa, prestando atención a las prioridades y a los significados
centrales de la carta, por encima y más allá de sus características
multifacéticas. Sin este enfoque, es probable que las cuestiones más destacadas
de la carta se pierdan dentro de un conjunto de cuestiones menores.









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